Nosotrosylosotros's Blog

by Adriana

El tiempo no pasa en vano

Cuánto tiempo sin publicar!! Y no es que no tenga ideas, no, todas ellas las voy anotando, si no que me ha resultado complicado plasmar todo lo que quería delante del ordenador, y al final, mientras voy acumulando llega un punto en el que dices: “Al menos que alguien lo lea en el Blog, menos faltaría!”

Siento si el lenguaje fluye algo espeso, el calor, la agenda, la boda, la indignación… Cóctel molotov para una joven que no logra conseguir un trabajo digno en este país. Al menos todavía me queda Wim Mertens!!

Tengo todos mis apuntes preparados para resumir mis impresiones del Seminario al que asistí en Estambul, sobre políticas migratorias, Islamofobia, Occidentalismo… en la Universidad Bilgi. Tuve la suerte de coasistir con académicos de la talla de Tariq Ramadán, Zygmunt Bauman…y aunque el ambiente universitario no fue tan agradable como el del año pasado, la ciudad me sigue abrazando de la misma manera.

Sin embargo, cuando estuve de vuelta varias cosas se fueron sucediendo, cual de la otra más indignante. ¿!Qué está pasando?!! Ni siquiera ya recuerdo cuáles eran los puntos que quería publicar sobre el puesto del trabajo que tuve y del cual se aprovecharon la familia y el mismo propalestino cantante en Barcelona. Una empresa de traducciones en la cual los trabajadores no tienen el mínimo derecho (incluso las horas de médico las recuperaban!), incluso yo tenía un contrato de horas mucho inferior a lo que realmente trabajaba y donde pasé parte del tiempo trabajando sin contrato. De ésto yo quería hablar, bueno, más bien compartir mi experiencia, la de una especie en desarrollo en este país, de una pre-parada y precaria.

Más tarde me quedé de nuevo sin trabajo… Vamos, que me despidieron. Y no me avergüenzo por ello, todo lo contrario. Llevaba 4 meses en esta empresa que se dedica al turismo en Barcelona, en la cual yo trabajaba ubicada en un “stand” de la Rambla. No diré nombres ni  información detallada, no vaya a ser que encima me denuncien. Superé los 3 primeros meses de prueba, estaba bien, trabajo cómodo, mis compañeras son un encanto, nos reíamos y tenía cierta flexibilidad, además de que el sueldo me permitía por primera vez obserquiarme con algunos caprichos, de los que igualmente no me dio tiempo de disfrutar!

Me renovaron hace poco más de un mes y lo acepté. En general no tenía pega alguna.

Como todo el mundo sabe, la Rambla es la parte más visitada de Barcelona, el centro neurálgico de la ciudad y donde hay turistas de aquellos que pasan 4 días como de aquellos que son escupidos por los cruceros y pasean durante unas horas. Al igual, hay carteristas, trileros, vendedores (unos más honrados que otros) y estatuas, aquellas que tanto facilitan el trabajo de los carteristas, espero que no trabajen a comisiones.

También se vende. De todo. Abanicos, pitos (extraños silbatos que emiten ruidos onomatopéyicos), juguetes voladores y relucientes… Como es normal, ningún metro cuadrado de la Rambla queda al margen de estos trabajadores. Todos tienen su sitio asignado, son amigos, familias, y pasan el día entero (desde aproximadamente las 10 de la mañana hasta las 19). No sólo vendiendo si no también esquivando a la policía y guardia urbana, unos días más otros menos. Casualmente lidian menos con ellos los días y las horas de mucho calor. Acaban siendo vecinos de trabajo y como es normal se llega a una relación de salutación diaria.

Precisamente estos jóvenes son honrados trabajadores, venden sus productos, tratan de aprender un poco de cada lengua para atraer al turista y se muestran respetuosos. Sin embargo son vistos con recelo (por no llamarlo con palabras mayores) por muchos de los comerciantes de la zona. Parece ser que les fastidia que ellos “no” paguen impuestos y que entorpeza a sus empresas. Para empezar impuestos pagan. Los impuestos que todos pagamos cuando compramos una lata de cerveza o un bolsa de papel higiénico. Por otro lado, no es que no paguen impuestos porque no quieran, si no porque no tienen la posibilidad de hacerlo al mismo nivel que los comerciantes. Además, no sé en qué puede entorpecer una chica que vende abanicos a una empresa de más de 15 trabajadores con grandes ventas diarias de productos de viajes para turistas. Que me digan a mi dónde está aquí la competencia, porque yo aún no la veo.

Estos jóvenes llevan poco tiempo aquí, de 1 a 4 meses y ya consiguen defenderse bastante bien en castellano, lo que es bastante envidiable. Si no que se lo recuerden a aquellos compatriotas que tuvieron que emigrar a Alemania o Francia (entre otros países).

Algunos de mis “superiores” parece ser que no toleraban que les saludasemos y les diesemos cambio. Más que nada porque a nosotras siempre nos venía bien el cambio y a los vendedores les convenía tener billetes que pudieran guardar en lugares inimaginables porque, dependiendo del policía que pasara, les desprendian de toda la mercancía e incluso se quedaban (les robaban) con su dinero, el dinero de todo un jornal.

Nunca rechacé darles cambio. Pero tampoco podía imaginarme que algo así pudiera motivar mi despido. Un día, la responsable de mi despido, me alzó la voz mientras daba cambio a un chaval diciéndome: “No quiero que se vuelva a  hacer esto aquí!”. Asombrada la miré y pregunté el por qué. No era motivo para que humillara al chaval y me alzara la voz. “Porque no”, respondió. “Pero por qué no?” (no pude evitarlo). “Porque puede ser que te den las monedas mal”, respondió sin creerse su propia respuesta y sin mirarme a la cara. “Bueno, nosotras contamos las monedas, además, igual que pueden darte el cambio mal ellos también te lo pueden dar los turistas, no?”, yo no podía salir de mi asombro.

Sin más palabras. Y con una boda por delante para la cual me tenían que ceder 16 días de vacaciones por contrato, al día siguiente me presento al trabajo y me comunican que “hay malas noticias”. Estoy despedida. Es mi último día de trabajo. Perfecto. O no tan perfecto, según cómo se mire. Indignación y rabia. Pero pronto pasó, la ira no sienta bien a nadie. Y entonces mi pareja me dijo: “Los iraníes dicen que si caen mal a los Estados Unidos es porque van por buen camino”. Me alivié. Y las preocupacioes se fueron diluyendo.

La última anécdota que tuve que sufrir fue que cuando fui a la oficina a firmar mi finiquito me faltaban comisiones y el pago de festivos. Me negué a firmarlo hasta que no tuviera incluídos estos pagos. El jefe de la empresa me dijo: “No ves? Por eso te hemos despedido!”. Otro aliciente para mi indignación, otro más. Ya estaba todo claro. No les interesa alguien que se preocupe por sus derechos como trabajadora, o alguien que se preocupe por los derechos en general, o alguien que no mire con indiferencia a personas con menos recursos que los propios. Entonces tampoco me interesa. Finito.

Mi inserción al mundo laboral no ha sido fácil, pero la continuación me está resultando mucho más dificil. En lo que va de año he acumulado 4 diferentes contratos en tres empresas diferentes, aún no sé con certeza si he llegado a cotizar para poder disfrutar del paro. Pero ya tengo otros planes. Y por ahora no tengo ganas de volver a trabajar en este país, donde no se valoran los intereses, ni la formación, ni las cualidades del trabajador, sino el silencio, la sumisión, la aceptación y la conformidad.

Ahora tengo ganas de seguir estudiando. Pero… ¿para qué? No lo sé.

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agosto 6, 2011 - Posted by | Uncategorized

2 comentarios »

  1. Joder Adriana, que todavía no sé los planes que tienes y te quedas tan pancha. No digas que no volverás a trabajar en éste pais, nunca se sabe que pasará, que yo sepa tú precisamente no…

    Comentario por mariví | agosto 7, 2011 | Responder

  2. Me encanta como escribes!!!

    Comentario por Hisham | agosto 9, 2011 | Responder


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